La Catrina es una creación del famoso grabador mexicano, ilustrador de dibujos animados y litógrafo José Guadalupe Posada (1852-1913). La imagen representa un esqueleto femenino vestido sólo con un sombrero elegante, conforme a la moda de la clase europea de su tiempo. Originalmente, se llamaba “La Calavera Garbancera”, según el grabado de el mencionado autor, creado en algún momento entre 1910 y 1913. Esta imagen nace durante los gobiernos de Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz, cuando se empezaron a popularizar distintos escritos de la clase media que criticaban tanto a la situación del país como de las clases privilegiadas en los llamados periódicos de combate.

Posada colaboró en medios como El Padre Cobos, El Ahuizote y La Patria Ilustrada. Sus críticas sociales acerca de la desigualdad e injusticia en el país y en la sociedad porfiriana, le dieron fama además dentro del arte popular por sus dibujos de “calacas” o calaveras con las que se representaban a varios personajes de la sociedad.

El garbancero era aquel que a pesar de tener sangre indígena pretendía ser europeo y renegaba de su propio origen, de ahí el nombre de “Calavera Garbancera”.

Fue el muralista Diego Rivera (1886-1957), quien retomó la imagen popularizada por Posada y la bautizó con el nombre de “Catrina”, inmortalizándola en 1947, en su mural de 50 pies “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”.

Allí modifica la imagen mostrándola de cuerpo entero, dándole accesorios y un elegante vestido. En el mural, Catrina toma la mano de un Diego Rivera de unos 10 años de edad, mientras que Frida Kahlo, vestida en forma tradicional mexicana está detrás de ellos.

Rivera pintó el mural en el Hotel del Prado, ubicándolo al final del parque de la Alameda. El mural sobrevivió al terremoto de 1985, que destruyó el hotel, y más tarde se trasladó al otro lado de la calle hasta el Museo Mural Diego Rivera, construido después del terremoto para ese propósito.

La Catrina representa una caricatura de los nativos mexicanos adinerados que, según Posada, pretendían adoptar las costumbres y modas aristocráticas provenientes de Europa, antes de la revolución. Pero también representaba a todos aquellos con aspiraciones de ricos que vivían en la apariencia, simbolizando la pobreza con el esqueleto y las apariencias de riqueza en la vestimenta, “hasta los huesos pero con vestidos de seda y sombreros de plumajes”.

También Frida Kahlo en su obra “Sin Esperanza” de 1945, hace alusión a la muerte con una calavera de azúcar, tradicional del Día de los Santos Difuntos.

El traje de la Catrina está compuesto de la siguiente forma:

El sombrero: al inicio, el sombrero aparece adornado con amapolas (la flor que tiene el poder de adormecer al pueblo, el opio). Estas flores representan los 13 colores del maíz teotihuacano (que dio origen a la creación de la humanidad, según las creencias prehispánicas). Las plumas de avestruz representan al viejo continente, siendo el símbolo de la conquista de México y al mismo tiempo la nobleza indígena representado en las culturas prehispánicas.

 

El vestido: según el mural de Rivera. Representa al vestido tradicional que se usaba en los funerales de comienzos del siglo pasado con una franja negra. Por el cuello resalta una cinta que sostiene a los impertinentes de origen europeo, con detalles del estado de Jalisco.

La hebilla: Diego Rivera le diseñó una hebilla como muestra de afecto a las culturas prehispánicas. El símbolo está tomado del Códice Borbónico, el cual aparece también en algunas versiones del calendario azteca.

El abanico: de herencia española.

Los mitones: tejidos en crochet en color blanco y negro.

La Estola: representa la figura del dios Quetzalcóatl “serpiente emplumada” la combinación de réptil y ave. Refleja la dualidad de la vida y la muerte, al mismo tiempo que las plumas significan lo sutil, lo celeste, que vuela. La serpiente encarna a la tierra. En conjunto simboliza que el hombre es un intermediario entre el cielo y la tierra.

La catrina representa a la muerte, pero en el día de muertos, no invoca ni venera a los demonios de las culturas anglo sajonas o paganas. Mas bien, expresa que la muerte convive y se divierte con los mortales, nos recuerda que, sin importar nuestra posición social, cultura, origen o edad, en algún momento vendrá por nosotros. Y es parte de la percepción que tiene la cultura mexicana frente a la muerte, muy diferente a los sajones.

Hoy en día, la catrina es parte de la cultura viva mexicana, de sus usos y costumbres. Parte de “lo mexicano” y de su posición frente a la muerte. Con el tiempo, la tradición del Día de los Muertos ha ido tomando más fuerza en el mundo. Para México el Día de los Muertos constituye un momento de reunión familiar, de oración y alegría de reencuentro con nuestros seres amados que ya no se encuentran entre nosotros.

Como decía José Guadalupe Posada: “La muerte es democrática, ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera”.

Fuente: INAH, Instituto Nacional de Antropología e Historia (México)