Vivir en otro país no sólo implica adaptarnos a las distintas costumbres, tradiciones, modos de hacer las cosas, gente, normas e idioma. Existe también el desafío de mantener nuestra propia cultura en un espacio que nos resulta ajeno y que, por facilitarnos la vida, nos termina nos inclina cada vez más a amoldarnos a adoptar el folclore de otros como propio.

La definición de “tradición” es la comunicación de hechos históricos y elementos socioculturales de generación en generación. Cuando dejamos de transmitirle nuestras costumbres a las generaciones más jóvenes, las mismas mueren. Por eso, hay un desafío aún más grande que tiene que ver con darle continuidad a esas usanzas a través de nuestros hijos.

 

Muchas de nuestras costumbres típicas pasan por la cocina. Quizá porque el alimento es algo necesario y básico para nuestra vida y además porque se relaciona directamente con nuestra crianza, nuestro hogar y familia. Es así que aún de grandes podemos recordar el flan que hacía la abuela, el guiso de papá o los pasteles de mamá. Porque la comida une, nutre en todo sentido y comunica.

A mí me gusta muchísimo cocinar y lo uso como forma de agasajar a mis amigos y familia. Es una de las mejores cosas que puedo ofrecerles y, más allá de probar cosas nuevas, me hace feliz mantener ese toque autóctono que me permite recordar de dónde provengo.

Y en casa, es sencillo mantenerlo con nuestros niños. Aunque vivamos en un mundo de hamburguesas y papas fritas, podemos, desde muy pequeños acostumbrarlos a nuestros sabores típicos. ¿Cómo? Puedes incluir tus ingredientes de a poco en las papillas. A medida que empiezan a digerir mejor los alimentos puedes incluir frijoles, aguacate, y yuca en lugar de arvejas y papas. Más pupusas y burritos y menos sándwiches y wraps. Esa es la idea!

Las especias son importantes también! Un poquito de canela en la manzana asada o en la papilla, incluso en la banana pisada podrán ir adaptando su paladar a las distintas especias que vas a ofrecerle en el futuro, sobre todo si la comida de tu país es muy condimentada. A veces es preferible que prepares platos con menos sal y más hierbas, especias o un poco de ajo cocido. Le da más sabor y es mucho más sano.

Mantener nuestras tradiciones es importante, por el futuro de nuestra cultura, por el respeto a nuestros antepasados y por la valoración de quienes somos y cuál es nuestro origen. Además, en el caso de la cocina no es tan complicado. Existen muchas tiendas y supermercados que venden productos importados y no son muy costosos. Con lo que puedes “salvar” la receta de la abuela y hacer que tus niños también la amen.

Espero te haya resultado interesante este artículo y que tengas una vida con mucho, mucho sabor!

Hasta la próxima!